Julio, un muy mucho amigo mío, vino de Madrid con su familia aquí (El Prat-Barcelona), porque su padre trabajaba en Iberia y los iban trasladando, hasta que se fue.
Teníamos unos 14 y 15 años. Descubrimos muchas cosas juntos, que a esa edad nos van "formando". Las chicas, las fiestas en casa de alguien, o en un porcho, que nos servían para invitar a esas amigas de las que estábamos secretamente enamorados. Por si había suerte y bailábamos con ellas. Yo por mi parte me las ingeniaba para ser el que ponía los discos y de paso me ahorraba los "Nos" sistemáticos de las chicas al pedirles de bailar "agarrados". Ah! pero el era un buen mozalbete, guapo, simpático, total que se las llevaba de calle.
Era un chaval muy alegre, y eso me afectaba a mí muy positivamente cuando estábamos juntos hablando ratos largos, pues equilibraba mi pesimismo.
También descubrimos juntos, el ir en "pandilla" mixta, que se reunía en el Artesano, en los veranos en el patio, haciendo un circulo que se iba agrandando a medida que se unían los que iban llegando.
¿Y porqué hablo de mi amigo Julio?, pues sencillamente, porque he escuchado hoy el tema de los Beatles I Got a Get to into my live y con ese poder que tiene la música, inmediatamente lo asocio a el.
Y lo hago porque tengo un recuerdo dulce de ese tiempo con el, a pesar de no habernos despedidos.
A su familia la volvian a trasladar, pero el los acompañó, en otra parte del avión. Había enfermado, y aunque el no lo sabia, su madre nos dijo la verdad de lo que le pasaba, lo visitamos con una emoción contenida por tener que disimular que ante su alegría, nuestro interior estaba a punto de estallar de rabia.
No volví a verlo. No fui a verlo al hospital, no tuve valor, algo que me he reprochado, pero que ya no, pues pasados treinta años aun está en mi, solo es necesario que suenen los Beatles.
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